miércoles, 18 de noviembre de 2009

Soy un caso perdido...




Haber nacido sin sentido de la orientación me generó distintos conflictos que se han ido agravando con el correr de los años. De bebé, gateaba sin dirección aparente, si me decían venga con mamá, aún estando en frente mi progenitora, yo iba hacia la dirección opuesta, donde no había un par de brazos abiertos deseosos de festejar mi pequeño logro, sino una mesa y un par de sillas. Nadie nunca advirtió en este comportamiento una falla de fábrica, sino que relacionaban tremendo problema con un estado de temprana rebeldía. Grave error.
Cuando fui creciendo, ya nadie abría los brazos en cruz llamándome, pero tenía que ir al colegio, al almacén, al kiosco…y me daba pánico dar vuelta manzana con la bicicleta por miedo a aparecer en un sitio distinto del punto de partida (lo juro por Lara, y cuando juro por Lara todos saben que sería incapaz de mentir). Cualquier mandado, que para mis hermanos podía resultar de lo más natural, para mí era una hazaña. Digo, la hazaña consistía en llegar bien a destino y poder del mismo modo, volver a casa. Memorizaba las cuadras, las casas, el color de las veredas, el cartel de alquila de los locales, todo era útil si de buscar referencias se tratara. A la tercera o cuarta vez, ya iba más distendida, siempre transitando el mismo recorrido. Sin importar los cortes de calles por repavimentación, por árbol caído o por lo que fuese.
Es raro, lo sé. Pero para mí, el paisaje no es lo mismo si voy de ida o de vuelta. Cualquier cambio de circulación me desestabiliza. Me desorienta. Me confunde.
Y nunca falta quien te pregunta por la calle tal. Generalmente digo no sé, no tengo idea. Pero una vez, yo tendría siete u ocho años y estando en la puerta de mi casa, una pareja me pregunta por la calle Cecilia Grierson; yo, emocionada porque el nombre me sonaba clarito, y porque por primera vez en mi vida iba a poder guiar a alguien, le dije que siguieran derecho dos cuadras y la que cortaba era la calle que ellos buscaban. Lo dije con una voz tan segura que me causó auto admiración. Caminé medio metro y me di cuenta de que los había guiado mal. Me di cuenta porque me topé con el cartelito que decía, flamante, “Dra. Cecilia Grierson” y en menos de cinco segundos estaba muerta de miedo, corriendo a refugiarme en mi casa, por temor a que esa pareja volviese a buscarme, me secuestre en su auto, alejándome por siempre de mis seres queridos. Nunca jamás en la vida volvía a guiar a nadie. El sólo hecho de evocar ese recuerdo me causa temblor en las piernas.
Es el día de hoy que sigo con el mismo problema. Claro, nunca lo traté, no hubo manera de mejorarlo. No entiendo los mapas, no sé cuál es el norte, el sur, el este ni el oeste. Ignorancia? No. Insuficiencia innata de orientación. Es patológico. Ahora ya lo sé.
Con la llegada del gps a mi vida, este calvario se atenuó un poco, no mucho, porque ando más a pie que en auto (no por elección, sino porque lo usa mi marido). Pero descubrí que así y todo hay que tener un mínimo de sentido común orientativo para evitar que la gallega que nos habla se ponga como loca gritando recalculando, recalculando.
Ahora al menos ya me diagnostiqué la enfermedad. Lástima que sea incurable. Y gracias a Dios que existen los puestos de diarios, con sus vendedores adentro.


Fer (Lost)

5 comentarios:

  1. Lo interesante sería saber qué paso con la pareja que preguntaba por la calle Cecilia Grierson ??? Estarán dando vueltas todavía por Carapchay o habrán desistido?
    A mí siempre me gustó ser el "salvador" de gente perdida y poder decirle donde queda tal calle, quizá aprendí las calles para evitar perderme, siempre, de chico, tenía miedo no saber volver a mi casa... mis maestros fueron Hansell y Gretel,

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  2. No te angustes Fer, yo me asumo con tu misma patologìa, a meses de mudarme todavia me soltas a 5 cuadras de casa por un camino distinto al comun y me pierdo muy facilmente
    Sera cosa de sagitarianas??

    Diana

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  3. "me encanto!!! but don´t worry, yo soy o peor si eso es posible!!! a mi no me sirven los nombres de las calles, solo las referencias, ala par de 1 arbol alto, al frente del kiosco, etc! parec q es de familia!!!!"

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  4. comprate un Guia Para Siomes portatil.

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  5. A tu extraña patología le puedo sumar otra que padece mi amigo Fernando, a la llamamos el "mal del Lucky itinerante". Ocurre que él no sólo se pierde, sino que además empieza a doblar en esquinas sin explicación, como teniendo la certeza de conocer un rumbo que ni siquiera sospecha. Esto tiene varios agravantes comprobados:
    1) si ese loco itinerario se da al mando de un coche (recular para no meterse en la contramano es una de las tareas más torpes al volante)
    2) si estamos en una ciudad distinta a Buenos Aires (creerse conocedor de Santiago de Chile es un error que ni la Cordillera ni el río Mapocho perdonan)
    3) si el escenario en que se manifiesta este mal está poblado por gentes que no hablan el mismo idioma (una esquina de Toulouse nos vio pasar cinco veces, sí cinco, de manera equivocada)
    4) la peor: si se lleva un copiloto que sufre esta misma enfermedad (dos personas que se debaten para tener la razón sobre el itinerario es complicado, pero cuando las dos no tienen ni la más puta idea de adónde están yendo, la cosa se complica demasiado)...

    En fin, gracias a Dios no es mi problema, nací con un GPS incorporado (podría ser un Gran Pelotudo con Suerte). Igual, por las dudas, la Guía Filcar nunca debe faltar en la mochila...

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