lunes, 7 de septiembre de 2009

Un tropezón sí es caída


Estábamos en quinto año, de viaje de egresados, en nuestro primer día de esquí en el Cerro Catedral.
Nos habían dividido en grupos con un instructor cada uno; la enseñanza era básica, imagínense… cómo frenar, andar un metro sin caernos, el abc de un aprendiz. Y ahí estaba yo, muriendo y resucitando en cada intento por lograrlo.
Sin pudores digo que soy pésima para los deportes, no se hacer la vertical y mucho menos la medialuna; de casualidad se andar en bici y nadar.
Pero esquiar en ese clima de egresados descontrolados, estaba entusiasmándome. Ya casi había adquirido la técnica cuando sucedió la tragedia.
Vislumbré a lo lejos una figura humana bajando en picada libre hacia mí.
No me dio el tiempo para hacerme a un lado, porque sus esquíes frenaron directamente con mi cabeza. Y todo lo que sigue, es lo que me contaron.
Me trasladaron en una moto de nieve, desmayada, bajé en andas los tres niveles en una aerosilla-camilla y me llevaron a la salita de primeros auxilios que había al pie del Cerro.
Me desperté justo cuando me ponían un cuello ortopédico patético, que hacía juego con el traje de oso que tenía puesto.
Al rato largo, vino el “coordinador”, disfrazado de preocupado, cuando en realidad estaba rojo de bronca por haber perdido su tarde de esquí.
Aburrida y dolorida, me pasé la tarde sentada, esperando a mis compañeras. Cuando regresaron, el reflejo de la nieve con el sol, había hecho un efecto impresionante en ellas. Todas estaban divinamente bronceadas y yo…bueno, yo verde/amarillenta (y con cuello ortopédico).
Cuando llegamos al hotel, llamé por teléfono a mi mamá, quien poco más, convoca a una junta médica para que me realicen tomografías computadas de cerebro para cerciorarse de que no haya quedado alguna lesión.
Eso no pudo comprobarse hasta años más tarde, cuando comencé a escribir estas Crónicas.

Fer (semi inconsciente)

3 comentarios:

  1. Tendrías que haber practicado culopatín, ese deporte es más seguro!!!!! Lo peor no fue el golpe y el cuello ortopédico, sino no haber podido tomar solen el Cerro Catedral... la mezcla de la nieve y el sol hacen un lindo bronceado.
    Con respecto al final: tus crónicas demuestran que no tuviste ninguna lesión cerebral

    ResponderEliminar
  2. Alguna vez experimenté la incontrolable sensación de que mis problemas acumulados, mis trabajos inconclusos y mis actividades pendientes se convertían en una especie de bola de nieve que nunca podría parar. Lo curioso es sentir esto de un modo más carnal: siendo una bola de nieve que rueda cuesta abajo.
    Una cagada y, sobre todo, un atentado a la belleza: hay pocas cosas menos glamorosas que andar por Bariló con un cuello ortopédico.

    ResponderEliminar
  3. Fer! me hiciste acordar que hace 11 años atras para esta epoca estabamos en Bariloche, que viaje inolvidable y como no acordarse de tu anecdota!
    besotes amiga!!!

    ResponderEliminar