lunes, 17 de mayo de 2010

Nanda...se te ve la tanga


El último granizo que cayó oh casualidad! con mayor intensidad en Vicente López, partido en el cual vivo, destruyó la claraboya del baño (entre otras cosas). Y con el furor de los arreglos no había vidriero disponible para solucionar lo que la catástrofe natural había dejado.
Finalmente ayer, pudieron cambiarlo. Y he aquí el papelón.
Yo estaba en casa, esperando descreída, que tocaran el timbre. Cuando llegó el muchacho en cuestión, me pidió muy respetuoso pasar al baño para poder comenzar con su trabajo. Si, cómo no, pase, pase. Y pasó él y también pasó lo peor. Me da cierto pudor contarlo, y de esta manera hacerlo público, pero tengo que sacudirme la vergüenza de algún modo.
Cuando corrió la cortina para poner la escalera, una tanga blanca (menos mal que no era roja) colgaba de uno de los ganchitos en donde pongo el shampoó, la crema enjuague, el guante exfoliante, y muchos etcéteras. Colgaba insolente y desafiante, pero bien limpita a Dios gracia.
Obvio que la vio, imposible no verla.
Cómo olvidé sacarla! Im per do na ble!
Lo miré en el exacto instante en que él la veía sorprendido y con vergüenza ajena, o eso supuse yo. Inmediatamente mi cara se tiñó de un rojo bordó que contrastaba con la vida, y deseé con el alma entera estar veinte metros bajo tierra o en cualquier otro lugar, menos ahí, con el vidriero, en el baño, mirando mi ropa interior, con la que nada podía hacer que no me dejara aún más en evidencia.
De todas maneras, como pasa en estas situaciones, nadie emitió comentario; el señor cambió el vidrio y yo huí cobardemente a la cocina, rogando que terminara para no verlo nunca más en toda mi existencia.
Al rato, me dice: señora (da a grande el señora, no?), ya terminé, venga a ver cómo quedó. No, está bien, quésede tranquilo, si total, era cambiar un vidrio nada más. Y usted es vidriero, me imagino que con experiencia, así que confío en que ha dejado todo en perfectas condiciones. El tipo me miraba con una mezcla de orgullo y sorpresa, y así lo fui guiando hasta la puerta de salida, convencida de mis argumentos.
Cuando quedé sola con mi alma, pensé en la costumbre de dejar colgados los calzones y las consecuencias impensadas que esta práctica podría llegar a tener. Y casi sin querer, mientras me alejaba de la puerta, escuché al vidriero reírse a carcajadas, como si las hubiera contenido durante siglos, como si nunca se hubiera reído en la vida, como si fuese la última vez que fuera a reírse, de mí.
Moraleja: los trapitos, la próxima, van al sol.

Fer (hay tonga con la tanga)

6 comentarios:

  1. Vaaaamooos mujer! tanto lío x una tanga! o qué? el señor vidriero nunca vio una bombacha? un calzoncillo? ps! yo soy tan desubicada, que cuelgo la ropa en el balcón y no es justamente un contrafrente. Si se tratara de un consolador, una caja de preservativos, geles íntimos, creo que uno se hubiese ruborizado al punto de prenderse fuego, o la ropa sucia hecha un bollo revoleada en el baño, creo que es peor...No?
    Igual, aplaudo que aún se ruborice "señora" Nanda!
    beso,
    Ceci

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  2. No es tan grave... coincido con el comentario de la lectora Ceci... hubiera sido peor que el vidriero hubiera encontrado otra cosa
    espectacular y atrapante crónica

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  3. Ya es tarde, pero daba para soltar el costado histriónico con alguna improvisación tipo: "ay, esta Erikaester que se baña una vez por semana y encima cuelga los calzones en cualquier lado..."
    Para la próxima, si el vidriero se anima a volver, habrá que descolgar las chabombas o imaginar una escena...

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  4. En una noche muy triste para mi me hiciste reir un monton!!!! Sos una genia!!!!
    No es para tanto un calzon colgado, despues de todo.... podria haber sido peor....
    Pobre tipo se tuvo q contener la risa todo el tiempo mientras cambiaba el vidrio.

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  5. A mi me pasó algo semejante, pero con el desinsectador que se le había ocurrido poner veneno en la rejilla del baño, y jamás, jamás antes me había dicho de pasar al baño a tirar veneno... lo peor de todo es que tenía el tender con dos tangas, una blanca y otra roja, una medibacha de red negra y unas ligas blancas que había estrenado con mi novio la noche anterior... vergüenza colosal. Yo sóla, un cepillo de dientes... qué habrá pensado el tipo. Ahora no lo dejo entrar. En el baño ya hay dos cepillos de dientes, pero no entrará nunca más. Viene una vez por mes a todo el edificio y desde ese día, sabe que por más que toque el timbre y me golpée la puerta, y escuche desde afuera la tele o la radio, nunca, nunca jamás lo dejaré entrar... para peor tiene terrible cara de desinsectar azulejos... :(
    beso,
    yo

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  6. a la ultima lectora.... ligas...grrrrrrrrrrrrrrr, diga el nombre y el apellido por favooooooooooor.

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