lunes, 11 de enero de 2010

Me estás cargando


Apenas supe que Susana (Giménez) tendría una revista propia, y además sería la protagonista única de las portadas, di por hecho que más que información femenina sin importancia, habría un exceso zarpado de fotoshop.
Si bien es cierto que en todas las fotos sale flaca re flaca y más joven que una niña de 15 años, acá directamente se fue al carajo. Y es absolutamente contraproducente. Por qué. Paso a explicar.
De “Shock!” a esta parte, pasaron muchos largos años, sin embargo, siguen mostrándonos una Susana indemne al paso del tiempo. Algo que no es real, por una cuestión natural: los años pasan, inevitablemente.
En su imaginación, ella querrá eternizarse joven, y debe agradecer a todos los santos la existencia de tecnología que favorezca su ideal de perfección.
Ahora bien, por qué digo que esto puede jugarle en contra. Por la simple razón de que si me la cruzo un día por la calle, sin cámara ni efectos de por medio, así, cara a cara, lo más probable es que muera del susto. Vería a una señora mayor, arrugada, estirada y vuelta a arrugar, gorda y con raíces oscuras.
En cualquier otra circunstancia, eso no llamaría mi atención, envejecer no es ningún pecado, querer ser por siempre joven tampoco. Pero no me coincidirían las imágenes. Y ahí vendría el susto.
Por todo lo antedicho, por poder seguir vivos tras un posible encuentro con la diva de los teléfonos, es que les pido a su círculo más íntimo que intenten persuadirla hacia el camino de la dignidad.

Fer

martes, 5 de enero de 2010

Tasha, ya tá!!!!! (o su versión adulta: Matemos a Tasha)


Si hubiese llegado un día antes, podría haberle comprado la colección completa de los Backyardigans, pero llegó un día después y sólo quedaba Tasha, solita con su vestido naranja, con los ojitos perfectamente bordados y esa carita de nada absoluta. Le dijeron que pase al día siguiente para buscar a Pablo, Tyrone, Uniqua y Austin, pero el vuelo salía ese mismo día, unas horas más tarde.
Así que la pobre Tasha viajó mudita de Salta a Buenos Aires entre pantalones, hojas de coca, medias y desodorantes.
Cuando llegó a manos de Lara, aún conservaba la inocencia y no había ningún indicio de la venganza que se traía entre manos.
Un día después de su arribo, oímos unas risas, que más que risas eran carcajadas, provenientes de toda la casa, y de ningún sitio en particular. Buscamos hasta el cansancio y ahí estaba ella, bajo el acolchado, con la misma cara de nada con que llegó, burlándose de nosotros. Y el sonido era cada vez más fuerte. La agarré y sentí que a la altura del estómago tenía un aparatito; lo apreté con fuerza, pero nada…seguía riendo.
Al rato largo se calló, sin golpes, sin violencia, cuando ella lo decidió. Maldita caprichosa.
Como si acaso fuera culpa de Fede no haber conseguido al resto del clan, como si fuese culpa de Lara no reconocerla fuera del grupo, como si fuese mi culpa haber encontrado la maquinita dentro de su panza. Como si fuésemos nosotros tres los únicos culpables de su soledad.
Además, muchas ganas de sociabilizar no tiene, porque hay un montón de juguetes que estarían encantados de hacerle compañía, pero se ve que no quiere saber nada porque la dejo en el baúl con el resto, y luego aparece en un rincón, sola.
Estoy segurísima de que con ese aparato, además de fastidiarnos, se comunica con sus amigos y temo seriamente que un comando de rescate invada mi hogar.
Anoche volvió a la carga, más insoportable que nunca y quedó exiliada en el balcón. No funciona a pilas, es evidente, porque nos despertó a los gritos.
Pensé en acribillarla, pero nos pareció demasiado. Así que la ajusticié con varios golpes para lograr callarla de una vez y para siempre. Qué bueno disponer de nociones básicas de psicología infantil!
Es la última oportunidad de redimirse que le queda; si hoy llego y sigue con esa actitud, lo lamento mi querida, pero te seguirán escuchando los muchachos recolectores de residuos.
Fer (con pocas pulgas)